Moobing: La inseguridad disfrazada

Las exigencias y la necesidad de poder que nos plantea el mundo laboral actual, suelen traspasar los límites de la moral generando conductas hostiles entre los integrantes de una organización.
Demostrar y demostrarse quien es la autoridad, quien manda, quien domina puede llevar a tomar una postura hostil que se nutre de un otro en ocasiones con baja autoestima frente a demandas diarias, falta de amor propio, ingenuidad; o bien de personas bien vistas y valoradas dentro de la organización. En este escenario se abre el juego a una relación destructora con dos actores: el dominador y el dominado.​

El juego de relaciones se basa en un acoso de tipo moral que transcurre silenciosamente, se asemeja a un pacto psicológico entre dos donde nada se verbaliza: de un lado se hostiga, del otro se sostiene la agresión y el sometimiento. Ahora bien, ¿Cómo surge esta violencia psicológica? ¿Cuál es su razón de ser?

Cuando los intereses personales de ciertos sujetos se ven amenazados, la intención de lastimar y herir suelen aflorar con fuerza y sin compasión. Este deseo desenfrenado por generar desprecio, hostigar a la victima e imponer terror tiene como finalidad deshacerse de su molesta presencia amenazadora, en pocas palabras se busca destruirlo psicológicamente.
Es la propia inseguridad profesional del acosador la razón de sus conductas perturbadoras: gritos, insultos, bromas de mal gusto, amenazas, críticas y humillación suelen ser los medios elegidos para expresar su furia interna; y como sostén de ello, subyace el poder ya sea otorgado formalmente por la organización o bien un poder informal que surge del grupo.
Del otro lado el dominado o víctima, quien padece este maltrato desmesurado, sin límites, sus características de personalidad pueden ser variadas, no existe una única índole para ser víctima del acosador: personalidades sólidas o vulnerables, mayores o jóvenes, de mejor o peor condición social, cualquiera que atente contra los intereses del acosador, quitando el disfraz a su inseguridad puede convertirse en presa de su hostilidad.


Un gran desafío queda por delante para las empresas a la hora de pensar la solución a este conflicto, dispuestos a develar el problema sin negarlo, actuando a tiempo y evitando que el mismo se acreciente y se enquiste en el personal. Dar respuestas activas y ofrecer escucha activa a los empleados constituyen el primer paso.

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